martes, 15 de julio de 2008

Videofórum: "Caminantes" de Fernando León de Aranoa.


El miércoles 16 de julio el PCE-Salamanca organiza un videofórum con la película "Caminantes", de Fernando León de Aranoa, sobre la marcha zapatista que llevó al EZLN hasta Ciudad de México en invierno de 2001. Tendrá lugar en la sede del PCE-Salamanca (C/ Vitigudino, 10, junto a la Plaza del Oeste), a las 19:00 h.

El film retrata los primeros meses del año 2001, cuando la vida de una pequeña población mexicana se vio alterada con la noticia de que la marcha convocada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional para pedir el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas recorrerá sus calles en su camino hacia el Distrito Federal. Las autoridades locales lo preparan todo para el gran recibimiento. Mientras, desde algún punto del recorrido, el subcomandante Marcos, cabeza invisible del movimiento zapatista, habla de este viaje y también del otro, del que iniciaron hace ya dieciocho años en la selva Lacandona."

La llamada "Marcha del Color de la Tierra" trazó una suerte de caracol en las regiones, sur, sureste y centro del país, integrada por 23 comandantes y comandantas del CCRI-CG del EZLN y un subcomandante y representantes de las etnias tzotzil, tzeltal, tojolabal, chol, zoque, mame y mestizo, que se dirigieron a la Ciudad de México protagonizando la siguiente de muchas demostraciones de la voluntad zapatista para con la firma de una paz digna y verdadera.

David, Eduardo, Tacho, Gustavo, Zebedeo, Sergio, Susana, Omar, Javier, Filemón, Yolanda, Abraham, Isaías, Daniel, Bulmaro, Míster, Abel, Fidelia, Moisés, Alejandro, Esther, Maxo, Ismael y Marcos recorrería entre el 24 de febrero y el 11 de marzo de aquel 2001 los estados de Chiapas (saliendo de San Cristóbal de Las Casas), Oaxaca, Puebla, Hidalgo, Tlaxcala, Michoacán (donde asistieron al III Congreso Nacional Indígena, en Nurío), Querétaro, Estado de México y Morelos; para, luego de seguir la ruta que Zapata y el Ejército Libertador del Sur tomaran en 1914, llegar al Distrito Federal y tener un acto central en la Plaza de la Constitución, frente a Palacio Nacional.

Un ejemplo de lo sucedido a lo largo del recorrido lo tenemos en una carta que leyera el Subcomandante Marcos en la capital del estado de Morelos, tierra de Emiliano Zapata, General en Jefe del Ejército Libertador del Sur y, según la carta de Marcos, “Mando Supremo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional”. Después de una larga espera, amenizada por músicos de la entidad que entonaban las composiciones más variadas sobre los Acuerdos de San Andrés y la importancia de que fueran respetados, el vocero zapatista pediría a los francotiradores panistas, émulos de los soldados a las órdenes de Guajardo, no disparar hasta que terminara de leer la mentada carta, supuestamente escrita por el mismo Emiliano Zapata.

En ella, el discurso zapatista echaría mano una vez más de su herencia histórica y de su aportación a los movimientos de izquierda; hablaría de Fox como de Madero, quien “después de la dictadura quería que todo siguiera igual, o sea que no cambiara nada”, y lo mismo haría con el PRI y Porfirio Díaz. Citaría textualmente al Caudillo del Sur para decir que está “resuelto a luchar con todo y contra todos sin más baluarte que la confianza, el cariño y el apoyo de mi pueblo…”, y agregará que “estos muchachos y muchachas [del EZLN] no se van a rendir ni se van a vender. Pero lo más importante es que no van a perder. Y no van a hacerlo porque yo [Zapata] les he enseñado todo lo que sabemos quienes tenemos a Morelos como cuna y destino”. Ante una audiencia que con cada palabra cabía cada vez menos en sí, como si de lo que se tratara aquello fuera de una fiesta, el Subcomandante zapatista terminaría la lectura con la misma frase con que Zapata había rubricado el Plan de Ayala noventa años antes: “los que no tengan miedo, que pasen a firmar”... cuatro años después, el EZLN en voz escrita del mismo Marcos parecerá decir esto mismo de nuevo respecto a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

La Marcha del Color de la Tierra concluiría en la Ciudad de México, centro político aunque no geográfico del país, con la participación de la delegación zapatista en la máxima tribuna de la nación: el Congreso de la Unión. Allí, ante la ausencia de la mayoría de los legisladores correligionarios del presidente de la República, la Comandanta Esther y los comandantes David, Zebedeo y Tacho, hablarían al pueblo de México y a algunos de sus representantes en el parlamento, con “palabra de verdad y respeto”.

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